21.10.08

violet veins.


You know it wasn't the first time.
Actually, you know I was already used to it.
I'm entirely sure it was all what you planed, 
but the morning after i was flouting away in a blue cloud on my way there.
I loved your pink coat when it matched your white scarf, 
but my blue jeans didn't match at all with all the blood you got off from my nose,
specially with my gray scarf.
Always you, and your violet veins.
 

13.10.08

over the window.


Mr. Winter is knocking the door. 
La niebla y sus adversarios no gustan del café. Lo más común es que discurran largas horas acerca de política, de fútbol, de moda, o de la manera de los peatones de portar sus bufandas... porque contrario a lo que se podría pensar, la niebla se plantea cuestiones de tipo existencial. Es decir, de exis-ten-ci-al. Condición sine qua non, para su propia explicación interior; la niebla se pregunta cuándo y cómo aparecer, opacar ventanas de amantes (como en el caso de Titanic) o hacer un chistorín breve, como estrellar un honda civic rojo con un Mercedez negro, una noche de domingo. La niebla es conciente de su fuerza.
Es poco sutil, porque no es como la  preocupación, o el remordimiento, que te acompañan discretos mientras caminas por la calle descifrándolos, con las manos en los bolsillos del abrigo; sino que se deja ver. Te impide ver. La niebla humedece las gafas, los relojes, los cristales del coche. La niebla es el emboltorio de los regalos de navidad, pero en la escala urbana. Adiós niebla, adiós.

5.10.08

ultraviolet


 So, the thing is, you might haven't seen me, but that's your fault. You missed it, I was there. You should turn back, you know? I would ask you what time it was and you would wonder who was I. I would ask you if you were in a rush, and you might say no now.
After that, it wouldn't take me so long till I convince you to give me a second and go downstairs, and once we were there, you could already start worrying. The rest is never going to be written.  

La tensión de la atracción es sospechosa [De delitos]. Se palpa facilmente, refresca la garganta como una pastilla de menta y nos hace imposible ignorarla, a menudo por la calle o en clase, en la biblioteca, en la fila del supermercado. Comienza como una yuxtaposición, porque es definitivamente una pausa entre un respiro y otro, y deviene una subordinación, una que raramente pasa por una fase coordinante, sino que superpone una fuerza a una resistencia. Es la manera más eficaz de sumergirse en el fondo del charco; te lleva la ley de la gravedad, un cierto peso tuyo sumado a una cierta fuerza de atracción que regularmente va de norte a sur pero que ahora tiene tendencias hemisféricas, y sabe llevarte de este a oeste en un chiflido panfleto y algo chispirriante. Te atrapa y te lleva, te impulsa, te empuja, te empapa, te raya, te caza y a veces, te casa. Es el empujoncito que te saca de la órbita. Antes de ser verdaderamente incontenible y volcarte de cabeza, te da un coscorrón y se deja ver. A veces, desde un aparador, en un maniquí con un precio muy alto.  
 Lo de verdad simpático es lo que ésta es capaz de hacerte hacer para alcanzarla. La creatividad del deseo tiene un limite muy alto, muy azul y muy coetáneo. Se activa, sobre todo, con estímulos baratos, bastan un par de miradas ultravioletas, y has caído en el pozo infinito de la atracción circular; el vicio perfecto, griego, seguro y armónico. La atracción circular, oh sí, la mirada ultravioleta, you know what i mean. 

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