
So, the thing is, you might haven't seen me, but that's your fault. You missed it, I was there. You should turn back, you know? I would ask you what time it was and you would wonder who was I. I would ask you if you were in a rush, and you might say no now.
After that, it wouldn't take me so long till I convince you to give me a second and go downstairs, and once we were there, you could already start worrying. The rest is never going to be written.
La tensión de la atracción es sospechosa [De delitos]. Se palpa facilmente, refresca la garganta como una pastilla de menta y nos hace imposible ignorarla, a menudo por la calle o en clase, en la biblioteca, en la fila del supermercado. Comienza como una yuxtaposición, porque es definitivamente una pausa entre un respiro y otro, y deviene una subordinación, una que raramente pasa por una fase coordinante, sino que superpone una fuerza a una resistencia. Es la manera más eficaz de sumergirse en el fondo del charco; te lleva la ley de la gravedad, un cierto peso tuyo sumado a una cierta fuerza de atracción que regularmente va de norte a sur pero que ahora tiene tendencias hemisféricas, y sabe llevarte de este a oeste en un chiflido panfleto y algo chispirriante. Te atrapa y te lleva, te impulsa, te empuja, te empapa, te raya, te caza y a veces, te casa. Es el empujoncito que te saca de la órbita. Antes de ser verdaderamente incontenible y volcarte de cabeza, te da un coscorrón y se deja ver. A veces, desde un aparador, en un maniquí con un precio muy alto.
Lo de verdad simpático es lo que ésta es capaz de hacerte hacer para alcanzarla. La creatividad del deseo tiene un limite muy alto, muy azul y muy coetáneo. Se activa, sobre todo, con estímulos baratos, bastan un par de miradas ultravioletas, y has caído en el pozo infinito de la atracción circular; el vicio perfecto, griego, seguro y armónico. La atracción circular, oh sí, la mirada ultravioleta, you know what i mean.