28.4.08

efectos primarios.

Dentro de lo poco que es evidente, lo que de verdad no me queda nada claro es cómo la teína me sugiere las ideas semiperversas de mi alter ego. Una segunda personalidad, que a menudo me interrumpe revelándome intenciones más secretas. Insiste, por ejemplo, en que siempre es más deliciosa si la gelatina se parte por el centro y no por la circunferencia; en que en cuestiones de hot-cakes siempre es mejor ser egoísta; asegura, también, que con sábanas limpias se transitan mejor los cuerpos, y que los domingos son en definitiva sagrados. Se queja insaciablemente de mi, y aboga contra mi pésima diplomacia y mi patética timidez. Al margen de esto, este ego freudiano se empeña en darme recomendaciones gastronómicas, ajedrísticas, postalísticas, fotográficas y hasta de look.
Deviene honestamente preocupante cuando comienzo a devrallar en mis probabilidades de futuro, porque éste descarta masters, cursos, acrobacias, o prometedoras trayectorias como gerente de una fábrica de papel o columnista de la revista Hola. Con lo cual seguido se montan  batallas alarmantes entre mi ojo izquierdo y mi derecho, que llevan por árbitro una nariz no siempre jubilosa. Estas vocecillas nos llevan sutilmente entre etcéteras y posdatas, y orientan-desorientan suficiente, para un día mandarlas al carajo y aclarar con qué diente nos mordemos la lengua.
Aquí inter nos, yo me he dejado de resistir a este intruso impredecible, y leo en distintos sitios a dosis de teína, mientras mi ego secundario me levanta la mirada para vigilar el ir y venir del ejército femenino, ese batallón invencible y de poca generosidad.

ps. si ud. ha tenido el coraje de llegar al final del texo, se apreciaría escribiera dos puntos ( : ) en un comment. gracias :)

22.4.08

encursiva.

Encuentro que hay muchas y muy creativas formas de clasificar a los humanos. Dígase nacionalidad, altura, inteligencia, look, idioma, por su manera de revolver el azúcar del café, por peso, preferencia sexual, musical o política, por su pertenencia o no a la Unión Europea, por su olor, color, agilidad, o por variados y cuestionables grados de fealdad, de simpatía y de paciencia. Pocos, sin embargo, son tan estrictamente insuperables como un nombre escrito en cursiva. La autoridad de una palabra en cursiva es inquebrantable. No ya su eminente distinción apincelada y elegante; la palabra en cursiva es una palabra ajena. Tiende a ser en otro idioma, una idea de otro sujeto o un concepto poco popular. En todo caso es una distinción elitista.
Hay un olor terrible en esto. Una especie de cristal sucio entre la letra y su lector. Un vidrio empañado que nos hace parpadear dos veces y remirar con más concentración. Una palabra que, con diplomacia suiza, nos remira y arrogante nos supera, nos alza el hombro y nos reta. Es la verdadera frontera de la cultura. La cursiva no es tanto una enemiga cruel, como una sutíl invitación a crecer. A crecer encursiva.

ps. si usted ha tenido el coraje de llegar al final del texto, se apreciaría que escribiera un punto ( . ) en forma de 'comment'. gracias por su colaboración.

17.4.08

minúsculas.


hmm. a ver si mola.

Dado que los peatones son seres en ocasiones incomprensibles, hay momentos en los que lo más inteligente es rendirse a la batalla, y caminar más lento. Esto puede traer por consecuencia accidental escuchar con atención las pisadas y los murmullos que se manifiestan en la ciudad. De allí que escriba este blog; interpretaciones variables de impresiones aleatorias, que un día deciden traducirse en letras. 

Dígase, por ejemplo, que a mi profesor de latín le da hipo cada vez que lee en un examen una falta de ortografía. Ya puestos, y a sabiendas de esto, la clase entera decide examinarse con lápiz, examinarse de pie y a base de letras minúsculas. Esto por supuesto se traduce en un hipo catastrófico doble; el primero en el que el profesor ve con sorpresa semejante sublevación  y decide cerrar los ojos hasta que todos hemos entregado las hojas. Y el segundo en que, corrigiendo exámenes, el profesor se percata de tal manifestación de rencor, que decide dejar la facultad y comprarse una cabaña lejana a la ciudad, en la que su vasta cultura no le estorbe entre él y otros muchos seres humanos.

ps. si usted ha tenido el coraje de llegar al final del texto, se apreciaría que escribiera un asterísco (*) en forma de 'comment'. :) gracias por su colaboración.

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