Encuentro que hay muchas y muy creativas formas de clasificar a los humanos. Dígase nacionalidad, altura, inteligencia, look, idioma, por su manera de revolver el azúcar del café, por peso, preferencia sexual, musical o política, por su pertenencia o no a la Unión Europea, por su olor, color, agilidad, o por variados y cuestionables grados de fealdad, de simpatía y de paciencia. Pocos, sin embargo, son tan estrictamente insuperables como un nombre escrito en cursiva. La autoridad de una palabra en cursiva es inquebrantable. No ya su eminente distinción apincelada y elegante; la palabra en cursiva es una palabra ajena. Tiende a ser en otro idioma, una idea de otro sujeto o un concepto poco popular. En todo caso es una distinción elitista.
Hay un olor terrible en esto. Una especie de cristal sucio entre la letra y su lector. Un vidrio empañado que nos hace parpadear dos veces y remirar con más concentración. Una palabra que, con diplomacia suiza, nos remira y arrogante nos supera, nos alza el hombro y nos reta. Es la verdadera frontera de la cultura. La cursiva no es tanto una enemiga cruel, como una sutíl invitación a crecer. A crecer encursiva.
ps. si usted ha tenido el coraje de llegar al final del texto, se apreciaría que escribiera un punto ( . ) en forma de 'comment'. gracias por su colaboración.





6 recaditos.:
.
(Y ya te comentaré más cosas vía messenger xD)
.
(Ya tengo ganas de saber que viene después del * y el . ^^ )
"."
crecer en cursiva... que difícil
^^
.
.
Enregistrer un commentaire