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La colocación natural de algunos sentimientos es a veces subversiva. Es una tendencia interior que no siempre es buena y descalifica las teorías acerca de la incuestionable sabiduría de la naturaleza. Como esa dependencia inusitada que se genera cuando se entra en contacto con un video juego, y que deviene una adicción que nos hace ignorar nuestras necesidades más básicas y pasarlas a segundo plano.
Así, los sentimientos son a veces criaturillas poco inteligentes, que nos comandan y encaminan por callejuelas poco iluminadas. Vehículos irracionales que de vez en cuando requieren un pisco de disciplina alemana. Bloquear esos videojuegos que te abstraen de la realidad y con la excusa de virtualizarte, te pierden. Por eso yo intento domesticarme.
Recolocarse en el centro a partir del cual gira todo vertiginosamente, a favor o en contra, con azúcar o con sal. Comer muchas naranjas, hacer ejercicio a saco, leer acostado, ver cómo pasa la gente que sabe a donde va, ese tipo de cosas.
Complejidad. Como cuando haces el amor en base a una fórmula de fresas con nata, o bien, de limón con sal. Sentimientos compatibles y sin embargo, vaya si incompatibles. No porque todos sean manifestaciones coloridas de la complejidad humana significa que puedan coincidir en espacio y tiempo.
Sentimientos, iros a pasear de vez en cuando. Dejadme en paz, en blanco.
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